Examinemos nuestros corazones, y veamos si tenemos la misma determinación, en lo que nos conviene y en lo que no, delante del Señor. Si no nos conviene o no nos edifica, ¡¡desechémoslo!! Y leamos un poco más adelante, en los versíulos 4-6 vemos cuál fue la consecuencia:
"Pero el pueblo de la tierra intimidó al pueblo de Judá, y lo atemorizó para que no edificara. Sobornaron además contra ellos a los consejeros para frustrar sus propósitos, todo el tiempo de Ciro rey de Persia y hasta el reinado de Darío rey de Persia. Y en el reinado de Asuero, en el principio de su reinado, escribieron acusaciones contra los habitantes de Judá y de Jerusalén."
Como nos dice la Palabra, la consecuecia de obedecer y agradar a Dios va a ser el desagrado para los que nos rodean, que nos querrán hacernos tropezar y desanimar... ¡¡pero no decaigamos, Dios es galardoador de los que le buscan!! (Hebros 11:6).
Dios os bendiga.