Si muchos creen que Dios nos regala la salvación (lo cual es cierto), y no hay nada más que hacer; Hebreos 3 es un claro ejemplo de lo que nosotros tenemos que hacer ante tal regalo de Dios.
En este capítulo se repite varias veces que debemos retener hasta el fin nuestra confianza, sin dudar y sin dar lugar a la incredulidad. No seamos como en los tiempos de Moisés, dónde muchos perecieron por vagar en sus corazones. No provoquemos la ira del Señor para que diga como entonces dijo: "No entrarán en mi reposo". Seamos como los niños: inocentes, confiados en nuesto Padre amado... Dios es amoroso, pero también santo y justo... No pensemos que Él nos abrirá la puerta si no le creemos en todo. ¿Creemos que Él nos ha salvado y hecho sus hijos por medio de la sangre de Jesucristo? Creamos también lo que leemos en estos pasajes (Hebreos 3:6 y 14):
- "la cual casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza"
- "porque somos hechos paticipantes de Cristo, con tal que retengamos firme hasta el fin nuestra confianza del principio"
Que cuando el Señor venga a por nosotros, no nos encuentre durmiendo o vaguando en nuestros corazones.
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