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Hebreos 5

Hebreos 5 es un pasaje revelador y lleno de fortaleza. Leerlo con atención abre los ojos y colma de esperanza y confianza...

Quisiera resaltar los versículos 7-9:

"Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente. Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió obediencia; y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen."

Si el Señor Jesucristo, que era perfecto y sin mancha, tuvo que aprender por padecimientos la obediencia, para ser perfeccioado por medio de ella y para traer salvación a nuestras vidas... ¿quién somos nosotros para quejarnos si una pequeña prueba viene a nuestra vida? Seguro que, por duras que sean nuestras pruebas, ninguna se va a comparar con la que pasó nuestro Señor: fue humillado, maltratado, crucifcado y cargó con la culpa de TODOS nuestros pecados... Si alguna vez nos hemos sentido mal o culpables cuando hemos hecho algo... ¿qué sentiría Cristo en ese momento? Y lo soportó en silencio, en oración y pidiendo al Padre que perdonara a los que le estaban haciendo sufrir... A veces es fácil echar las culpas a los demás, pero el Señor no quiere que culpemos, quiere que amemos.

Petición: Señor y Padre, ayúdanos a aceptar las pruebas sin queja en nuestro corazón, sino con gozo, sabiendo que nos perfeccionan y nos acercan más a tí. Ayúdanos y enséñanos a orar por aquellos que nos hacen daño. En el nombre de tu Hijo, nuestro ejemplo. Amén.

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